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Teletrabajo: movilización total

por | Jul 6, 2021 | Casos de Éxito

Levantarte, ponerte un café…y al escritorio a trabajar. Sin esperas interminables ni miradas perdidas en transporte público arrepintiéndote de haber presionado el botón de continuar viendo. Hay quien lo ama y quién lo odia, pero es innegable que el teletrabajo ha llegado para quedarse.

Después de ya casi un año y medio de generalización de las dinámicas de trabajo en remoto y con la mirada puesta en un horizonte de recuperación y nueva normalidad con el avance de la vacunación, cabe empezar a reflexionar sobre hacia dónde va el mundo del trabajo. ¿Llegará el fin de la jornada de ocho horas tal y como la conocemos en favor de los famosos ‘objetivos’?

El teletrabajo no es algo nuevo. Como casi todas las cosas que han cambiado con la irrupción de la Covid-19, se ha producido un aceleramiento de ciertas dinámicas, que ya existían de forma más o menos intensa en la sociedad.

Así, en países del norte de Europa como Finlandia o Países Bajos el impacto no ha sido tan fuerte. Adalides de las nuevas formas de trabajo basadas en la productividad y los objetivos en vez de en el número de horas que se pasan en la oficina, ya en 2019 estas regiones contaban con porcentajes de teletrabajo superiores al 10%.

En países como España el shock ha sido más fuerte: si en 2019 apenas teletrabajaba un 4,5%, a finales de 2020 lo hacía un 14,7%, un porcentaje lejos de la media europea, que se situaba en 21% de acuerdo a la Encuesta de Población Activa.

¿Por qué quedarse en el teletrabajo?

Esta modalidad está llena de ventajas, tanto para los trabajadores como las empresas. Por un lado, el trabajador adquiere una mayor autonomía, se libera de “ojos en la nuca” y está menos estresado, aumentando la productividad.

De este modo, el trabajo en remoto nos hace estar más conectados o atender a varias reuniones en una misma mañana sin la brecha de la distancia física. Tan lejos, tan cerca. Y no vamos a negar que trabajar en bata y en zapatillas de felpa es un plus. 😉

Otro de los puntos a considerar es el ahorro, algo de lo que se beneficia por un lado el empleado, que ve cómo gastos de gasolina, transporte o comidas desaparecen repercutiendo en su bolsillo, mientras que el empleador disfruta de un adelgazamiento de la factura de mantenimiento de la oficina.

En este sentido fue muy sonado el anuncio la pasada primavera por parte de Liberty Seguros, la primera gran compañía que anunció que renunciaría a sus oficinas físicas para implantar de forma completa el teletrabajo.

Esto ha creado problemas en términos retributivos, ya que se plantean dudas desde el derecho laboral de si se deben financiar, más allá del material técnico como ordenadores, los escritorios o hasta los propios espacios de la casa o facturas de la luz de los trabajadores.

¿Por qué volver al trabajo presencial?

A pesar de todas estas luces, el teletrabajo también tiene muchas sombras. No cabe ninguna duda de que el factor humano es esencial para todo tipo de relaciones entre las personas, también las laborales. De este modo, las sinergias no son las mismas cuando se teletrabaja.

Además, muchos expertos alertan que, a pesar de que a muchos trabajadores les hace ser más proactivos y productivos, a otros les produce el sentido contrario. El teletrabajo actúa en una suerte de ‘potenciador’: aumenta las virtudes, pero también los defectos. Absentismo y productividad conviven.

Además, ahonda en un problema ya existente en el trabajo: lo que Maurizio Ferraris, filósofo italiano tildó ya en 2015 como ‘movilización total’, reinterpretando el concepto que en su día formulara el historiador alemán Ernst Jünger. Ferraris reflexiona sobre cómo la tecnología ha producido una brecha entre lo que tradicionalmente se ha conocido como jornada laboral de ocho horas, y las jornadas de trabajo modernas.

De este modo, más allá del concepto de ‘fichar’, la interconectividad nos hace estar en la práctica conectados 24 horas, algo que el teletrabajo profundiza todavía más, especialmente porque junta y fusiona la vida privada y laboral en un mismo espacio físico.

La jornada laboral de ocho horas no es solo un tratamiento digno del trabajador, sino que marca de forma efectiva un punto de desconexión entre el trabajo y la vida personal, algo que en un espacio presencial es mucho más fácil de delimitar.

Hacía un modelo mixto

Frente a la movilización total, separación de espacios. El sistema laboral actual es lo suficientemente flexible para combinar lo mejor de ambos mundos: es en este camino en el que se ha formulado la Ley del Teletrabajo.

Parece absurdo, por lo tanto, plantear un sistema maniqueo en los entornos laborales que así lo permitan. La flexibilidad se adopta porque mejora la productividad, y en ese sentido un modelo mixto entre trabajo presencial y remoto beneficia al trabajador y, por lo tanto, a la empresa.

Una vez que, de forma traumática se ha tenido un contacto casi general con las dinámicas de teletrabajo, ¿por qué no adoptarlo de vez en cuando?. Incluso la medicina se está adaptando con las consultas virtuales.

El mundo camina hacia una reformulación del sistema laboral, que se centrará en los tiempos líquidos y la consecución de objetivos como principal meta. Teletrabajo y presencialidad son solo dos piezas más del tablero, dos elementos en los que hay que prestar atención y reflexionar. De este modo, podremos construir un sistema laboral que beneficie a empresario y trabajador.

Y sí, podremos seguir levantándonos algunos días, solo diez minutos antes de fichar.

Por Pablo Ayerbe

Colaborador Área de Content Management The White Rabbit

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